Acerca de Marcelino Soulé




Marcelino Beltran Soulé nació en San Carlos de Bolívar, provincia de Buenos Aires, Argentina, el 26 de abril de 1906. Sus padres eran franceses y Marcelino heredó de ellos su gusto por los viajes. Era el menor de cuatro hermanos y el más conflictivo, debido a su negativa a continuar estudios como sus otros hermanos. Escapó de su casa en la adolescencia, y trabajó como peón en diferentes estancias, allí donde ganó su aprecio por los caballos y las diferentes costumbres criollistas del interior. En una de estas estancias aprendió su futura profesión y aquello que le daría relevancia: la doma de caballos de polo

A los 20 años, luego de cumplir con el servicio militar, su profesión lo llevo a trabajar en clubs de polo de Chile, Perú, Ecuador, Colombia, y finalmente integró un equipo de este deporte en Panamá. Su búsqueda de aventura lo llevó a recorrer Sudamérica, a la vez que su profesionalismo le dio muchos contactos y amigos en estos países.  Ante su conocimiento de las rutas Latinoamericanas, surgió en Panamá  la idea de emular el viaje del suizo Aimé Tshiffely, cruzando todo el continente Americano a bordo de dos caballos criollos. Su gran destreza con los caballos, como su gran sentido de nacionalidad, lo indujo a mostrar como un nativo argentino podía superar la hazaña mundialmente conocida de Tshiffely. Quería mostrar la resistencia de los caballos y los gauchos argentinos en todo el continente:

¿A que iba yo hacia las rutas del norte? ¿Qué propósito inmediato o mediato me llevaba por caminos conocidos o inéditos para el mundo civilizado?¿Era puro espíritu de aventura el que informaba mi raid o tras su aparente juego de niño ocultaba un afán superior que era conveniente difundir? Si Aimé Tschiffely, extranjero, había cruzado el Continente con dos caballos criollos, ¿no podía admitirse que un hijo del país fuera capaz de realizar, superando, la misma travesía?... A eso vamos. Tal vez en ese secreto los periodistas argentinos dieron trascendencia a mi raid y provocaron mayor seguridad en mi aliento.” “Lo hice para que se conociera la calidad de nuestros equinos y la capacidad de aguante de un hijo del país.” Marcelino Soule
¿Quien fue Aimé Félix Tschiffely?
El punto de partida elegido fue su ciudad natal, San Carlos de Bolívar, y la fecha elegida para comenzar la travesía fue el 27 de julio de 1938. Los caballos le fueron donados por estancieros bolivarenses, a través de las gestiones de Intendente Miguel Capredoni, con quien Marcelino tenía algún tipo de amistad. Viajaría a bordo de un caballo criollo alazán a quien llamó “Argentino”, y un mestizo bayo llamado “Bolívar”. Si bien no hubo tiempo para preparativos, el día de su partida fue un gran evento popular. A las 9 de la mañana, frente al monumento de San Martin se encontraban aproximadamente 1500 personas, entre ellas 500 alumnos de escuelas primarias, como también autoridades municipales y eclesiásticas. Entre la ovación y el aplauso de miles de bolivarenses partió Marcelino en su viaje por el continente.

“Me siento depositario de la confianza de mi pueblo natal. Los hombres, las mujeres, los niños, han salido a la calle para levantar sus pañuelos y entregarme sus más cariñosas palabras. Alguien, yo lo sé, ha dicho esta noche un sencillo rezo por la suerte del viaje. A todo y a todos estoy reconocido. No tengo ganas de mirar el paisaje que alumbra a mi alrededor, solo quiero entretenerme con el recuento de mis impresiones que han provocado los agasajos de mi partida. Todo me parece un sueño. Salir de Bolívar camino a Washington" Marcelino Soulé

Una vez llegado a Buenos Aires, sin mayores inconvenientes, fue el centro de  atención de los medios nacionales, donde también emitió un mensaje por Radio Belgrano. Fue cobijado por los centros tradicionalistas de la ciudad. En todas las ciudades del interior por las que pasó el jinete fue recibido con gran atención y bien cobijado, salvo contadas excepciones.

Con la experiencia que Marcelino tenía en territorio Latinoamericano, su paso por Bolivia, Perú y Ecuador no tuvo grandes problemas, salvo la altura, la falta de pastos para sus caballos, y la desconfianza de los pueblos indígenas. Las principales autoridades de estos países se entrevistaron amablemente con Soulé, mientras que en los pueblos, destacamentos militares y policiacos era recibido con gran entusiasmo y admiración por la travesía del bolivarense.

Su paso por Colombia fue más conflictivo. Marcelino cayó enfermo de malaria  en la ciudad de Cali, estando 21 días con mucha fiebre y sin saber de sus caballos. Luego le llega la noticia de que uno de sus caballos, “Bolívar”, murió de hambre víctima del descuido del establo donde estaba alojado. Si bien no obtuvo remuneración alguna por la tragedia, sus amigos y contactos en Colombia le proporcionaron un caballo al que llamaron “Paisa”, de resistencia inferior al “Bolívar”, pero que lo ayudaría hasta el final de su viaje.
En Colombia muere "Bolivar"


Párrafo aparte merece su paso por México, trayecto más trágico de su viaje. Maltratado por las autoridades policiales, llevado preso en otra ocasión, nada fue más duro que el robo que sufrió en camino a la ciudad de Córdoba, donde le sustrajeron su caballo mas valioso, el” Argentino”, como así también el dinero que tenía a mano. A su llegada a la capital mexicana fue cobijado cordialmente por las autoridades y referentes de los Polo Clubs, pero no pudo conseguir retribución alguna por el robo, y debió seguir viaje a Estados Unidos solamente con el “Paisa”, y muy poco dinero.

Muy pobre llega Marcelino a Estados Unidos. El “Paisa” no podía soportar todo el equipaje por lo que debía alquilar un caballo en cada ciudad que recorría, aunque fue muy bien agasajado por los estadounidenses como así también por la prensa de este país. Pese a su situación precaria el 8 de Febrero de 1941 el bolivarense Marcelino Soulé arriba a la ciudad de Washington llegando al final de su travesía.

En Washington es bien recibido por la prensa Norteamericana, y firma autógrafos en las calles de la ciudad. Luego es supuestamente recibido en la Casa Blanca por el Presidente de los Estados Unidos, Franklin Roosevelt. Una vez cumplidos sus objetivos Marcelino continua con su precaria situación económica por lo que debe conseguir trabajo en una construcción de Nueva York para subsistir. Las casualidades hicieron que un ciudadano chileno, que seguía muy de cerca la hazaña de Marcelino y lo estaba buscando, lo rescate de la pobreza. De esta manera Marcelino mejoró su situación y pudo continuar viaje. Esta vez se dirigió hacia la costa pacífica, cruzando el país del norte hasta Chicago, donde culmina formalmente su viaje y regresa hacia Colombia para dar en donación al “Paisa” a la Cruz Roja local.

La narración de Marcelino también culmina aquí, con una sensación de desilusión debido a la pérdida de sus dos caballos originales, y dejando a los lectores con preguntas acerca de su regreso a Argentina, y su devenir luego de este viaje.

Producto de investigaciones recientes podemos afirmar que Marcelino regresó a Argentina en Enero de 1943 (aun no sabemos cómo), y a San Carlos de Bolívar en Marzo de ese mismo año. Fue recibido en la localidad con celebraciones, y brindó una charla sobre su travesía en la municipalidad. Los siguientes documentos datan de Noviembre de 1943, y lo sitúan a Marcelino en Brasil, tratando de viajar hacia Europa a bordo de nueve caballos, pero no pudo continuar su viaje debido a la negativa del gobierno brasilero, que le prohibió embarcarse a Europa ante los problemas de la Segunda Guerra Mundial. Los siguientes documentos datan de Noviembre de 1950, informándonos sobre la muerte del aventurero bolivarense. Marcelino Soulé se encontraba compitiendo en Turismo Carretera, y murió a los 44 años, al volcar su automóvil en una carrera lluviosa en la ciudad de Mar del Plata.

Queda por investigar la suerte de Marcelino desde el año 1943 hasta su muerte. 

Su viaje a través del continente Americano le dio una trascendencia única, dada la repercusión mediática nacional e internacional. El interés popular que Soulé recibía en cada ciudad por donde pasaba nos da también una perspectiva de la percepción de aquellos sectores sociales que dejaban sus quehaceres diarios para ir a saludar al jinete bolivarense, embarcado en una misión que mas allá de lo deportivo tenía su correlato patriótico y nacionalista.




[1] Tschiffely, Aimé Félix y Castells Méndez, Rafael, “Mancha y Gato: los dos caballos criollos en su viaje por las tres Américas”.

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